Pier Paolo Pasolini, Nebulosa

Pier Paolo Pasolini, Nebulosa

PIER PAOLO PASOLINI, Nebulosa, trad. Marta Pino. Gallo Nero, Madrid, 2015, ISBN: 978-84-942357-2-6

Una banda de furibundos teddy boys (el Contessa, Mosè, Gimkana, Toni “Elvis”, el Rospo y su pequeño hermano Cino) y una entera noche de Fin de Año pasada entre robos, carreras de motos y delitos varios son los elementos con los que Pier Paolo Pasolini quiso en Nebulosa (1959), el guion de la que podría haber sido su primera incursión en el mundo del cine, retratar algunos de los aspectos más sorprendentes de cierta delincuencia juvenil milanesa.

Interesado desde finales de los cincuenta en hacerse un hueco en el ambiente cinematográfico romano (por estas fechas redactó diálogos, luego desechados, para proyectos como La dolce vita de Fellini o Morte di un amico de Franco Rossi), Nebulosa solo vería la luz de forma un tanto adulterada con el título de Milano nera cuatro años más tarde gracias a dos directores prácticamente desconocidos, Gian Rocco y Pietro Serpi, y sin la mención a Pasolini en los créditos. La recuperación del guion por la editorial Il Saggiatore hace un par de años (completando los escasos fragmentos publicados hasta el momento en la revista Filmcritica) trae a los lectores, por tanto, uno de los primerísimos trabajos en el cine de Pasolini al tiempo que ofrece una muestra más de su interés por reflejar los ambientes juveniles de los barrios periféricos en consonancia con sus dos primeras novelas, Ragazzi di vita (1955) y Una vita violenta (1959) y sus dos primeras películas, Accattone (1961) y Mamma Roma (1962), dejando de lado, eso sí, el ambiente de las borgate romanas para presentarnos otra de las caras de la Italia, la Milán del boom económico de los cincuenta, la Milán en la que los rascacielos de Metanopoli lanzan descarnadamente sus indecentes sombras sobre barrios del extrarradio por donde pululan chaperos, prostitutas y ladronzuelos… 

Con –y esto permitiría en un primer momento separar la esencia de Nebulosa de estas otras obras– los pequeños hijos de burgueses ex fascistas que son a fin de cuentas los teddy boys de Nebulosa, no actúan de manera salvaje porque los mueva la necesidad de buscarse la vida o por hambre, al igual que tampoco hay en ellos ningún intento de superación, de cambio, como sí experimentaban el Ricetto de Ragazzi di vita, la madre representada por Anna Magnani en Mamma Roma o el Tommasso de Una vita violenta.

Si esta nueva forma de delincuencia juvenil no está motivada por cuestiones económicas… ¿qué mueve, pues, a los jóvenes de Nebulosa? El mismo Pasolini lo señalaba en un recordado artículo publicado en Vie Nuove justamente ese mismo año, el 10 de octubre de 1959:

“La perfección relativa a la organización social, el equilibrio del ciclo productivo de consumo, la alta renta media, etc., hacen de Milán y de las demás ciudades industriales del Norte urbes poco italianas, en el sentido tradicional de la palabra (…) El joven neurótico milanés, turinés o boloñés se ve obligado a luchar contra una sociedad aparentemente buena, capaz de ofrecerle garantías, aunque en el fondo injusta, aburrida, hipócrita, feroz y llena de rencor teológico bajo formas democráticas. El joven percibe todo esto y, la opresión que la sociedad ejerce sobre él le causa esa neurosis que lo lleva a hacer falsas reivindicaciones de su personalidad: narcisismo, exhibicionismo y protesta anárquica”.[1]

De este modo, si según Pasolini los delitos atribuibles a delincuentes juveniles en el sur no se cometen de manera gratuita, sino que vienen motivados por necesidades económicas y una notable falta de educación, en Nebulosa las razones hay que buscarlas en unas coordenadas sociales y políticas muy distintas. De hecho, en Nebulosa sorprende en todo momento la arbitrariedad, el sinsentido y la brutalidad de gran parte de los hechos, pero también la mostración de la descarnada de la doble moral burguesa (la reacción de las mujeres temporalmente secuestradas), la alienación de la juventud oprimida por un sistema económico hedonista basado en una doble moral y las paradojas que encierra una sociedad de valores confusos (los padres de Rospo, el cabecilla, ocupados en asistir a moribundos y a velatorios y totalmente ajenos a las peligrosas correrías de su hijo).

Independientemente de que en los años posteriores la filmografía de Pasolini (Il Vangelo secondo Matteo, 1964; Uccellacci e uccellini, 1966; o Edipo re, 1967) se orientara a unos presupuestos cada vez más alejados de la plasmación de la realidad social y en favor de una mayor carga simbólica (baste recordar Teorema, 1967), y pese a que con el paso de los años (y esto no es una impresión del todo personal) se tiene la idea de que la importancia de su filmografía ha quedado en un segundo plano frente a la vigencia cada vez mayor de su producción ensayística, Nebulosa no deja de ser un recuerdo de una preocupación social, política y cultural que Pasolini nunca abandonó, esto es, la reflexión en torno a los múltiples fenómenos de marginalidad social y al efecto en la población de una moral y una estructura económica alienantes.

En uno de sus últimos artículos, aparecido a principios de 1975, Pasolini entonó una especie de mea culpa que puede servir como cierre a esta reseña:

“Aunque condeno a los hijos (a causa de un cese del amor hacia ellos) y por tanto presupongo su castigo, no me cabe la menor duda de que todo es por culpa mía En tanto que padre. En tanto que uno de los padres. Uno de los padres que se han hecho responsables, primero, del fascismo; después, de un régimen clerical-fascista fingidamente democrático; y que, por último, ha aceptado la nueva forma del poder, el poder del consumismo, la última de las ruinas, la ruina de las ruinas”.[2]

Esta ruina de la ruina, esta encrucijada moral por la que se mueven los jóvenes del extrarradio, la supo observar Pasolini en el anómalo comportamiento de cierta juventud a finales de los cincuenta; como en muchos otros casos, con una alta dosis de lucidez que aún hoy sigue sorprendiendo.

[1] P.P. Pasolini, “La culpa no es de los Teddy Boys” en Demasiada libertad sexual os convertirá en terroristas, trad. Paula Caballero y Miguel Ros, Errata Naturae, Madrid, 2004, p. 101.

[2] P.P. Pasolini, “Los jóvenes infelices” en Cartas luteranas, trad. Josep Torrell, Antonio Giménez y Juan Ramón Capella, Trotta, Madrid, 1997, p.2.

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