Pietro Citati, Leopardi

Pietro Citati, Leopardi

PIETRO CITATI, Leopardi, trad. Juan Díaz de Atauri. Acantilado, 2014, 528 págs. ISBN: 978-84-15689-88-1

La abundante producción de Pietro Citati (Florencia, 1930) solo puede entenderse si se tiene en cuenta desde la perspectiva de una precoz labor como articulista desde su primera juventud en algunos de los medios de difusión cultural más importantes de Italia (véae su paso a finales de los cuarenta por revistas como Il punto, L’Approdo o Lo Spettatore italiano de Elena Croce).

Dotado de una considerable mano para el ensayo literario, algunas de sus biografías y estudios sobre Goethe, Tolstoi o Alessandro Manzoni, figuran entre lo más destacado de la crítica literaria italiana del último medio siglo. A sus obras ya conocidas en castellano (El mal absoluto: en el corazón de la novela del siglo XIX, Galaxia Gutenberg, 2006; Ulises y la Odisea: el pensamiento iridiscente, Galaxia Gutenberg, 2008; o Kafka, Acantilado, 2012), se sumó hace unos años este ensayo de corte biográfico centrado en la figura de Giacomo Leopardi.

Volumen riguroso dentro de la variedad de lecturas que ofrece, en él ha condensado Citati una imagen completa de la vida y obra del poeta; su traducción viene a cubrir sin duda el vacío en los estudios leopardianos en lengua castellana existente desde la publicacion, hace ya veinticinco años, de una de las pocas biografías que del poeta de Recanati había en nuestra lengua, Hacia el infinito naufragio: una biografía de Giacomo Leopardi, de Antonio Colinas (Tusquets, 1988).

Con todo, si bien Citati no deja de incidir en todos los aspectos que marcan la breve vida de Leopardi, es cierto que, más allá de la exactitud o no del juicio personal sobre la importancia de ciertos presupuestos vitales del autor (el peso de la enfermedad o la traumática tuberculosis ósea y su ineludible influencia en la creación literaria del autor), si algo se le puede achacar al volumen de Citati es tal vez una cierta desproporción de tono entre las diferentes partes del volumen.

Correcto y puntilloso en la parte exclusivamente biográfica, por momentos tendente a una presentación de personajes y circunstancias más cercana al vodevil que a la biografía (empezando por la bufonesca presentación inicial del padre, Monaldo Leopardi), es mucho más interesante la parte de carácter puramente ensayística en la que Citati da rienda suelta a su subjetiva (aunque siempre acertada y razonada dentro de un contexto) lectura de los textos leopardianos. Tal vez se deba al simple hecho de que la vida de Leopardi, esa criatura abocada a la «exclusión de la naturaleza y del mundo», no estuvo nunca colmada de sucesos de gran significación, mientras que, por el contrario, sigue sorprendiendo a cualquier lector que se acerque a él la profundidad de su pensamiento, la agudeza de su visión y la probada maestría al escribir sobre los aspectos más inefables del alma humana.

Y ello siempre desde el conocimiento de que en Leopardi la actividad literaria estuvo siempre ligada al convencimiento de que el único modo que tiene el filósofo de llegar a las grandes verdades es «desarrollando, indagando, desvelando, considerando, anotando las cosas más pequeñas, y resolviendo las cosas grandes en sus partes mínimas». Unía Leopardi, nos dice Citati, la agudeza de Locke a la de Condillac, dando muestra de una inteligencia que anticipaba el análisis ininterrumpido de Valéry y de Musil: Leopardi distinguía y después subdistinguía, y aun dividía y subdividía, analizando cada cosa en sus primeros elementos, descomponiendo ideas; «exploraba y diseccionaba»; «penetraba en los pliegues y los secretos; unas veces se servía del escalpelo, otras del lenguaje matemático, otras del lenguaje técnico de la filosofía y aun otras de las rectas y curvas de los geómetras. Llevaba la luz a la oscuridad y la oscuridad a la luz. Siempre supo que la verdad es terrible, y en ello encontraba el más sutil y agudo de los placeres”.

Un espíritu sistemático, en definitiva, volcado a entender el mundo para, a fuerza de volver sobre un mismo tema una y otra vez, acabar negando lo que afirmaba anteriormente en una constante búsqueda en la que la contradicción forma parte de la búsqueda misma. Si a ello añadimos la superposición inabarcable de temas que Leopardi tuvo ocasión de tratar o la densidad que destila hasta en los textos más sencillos, coincidiremos con el juicio expresado por Pietro Giordani, para quien el genio de Leopardi le parecía al mismo tiempo «estupendo y terrible».

De este modo, el lector que se acerque a la visión del mundo propuesta por Leopardi (pues de esto se trata, de la creación de un mundo totalmente personal con todas sus causas y consecuencias) acabará dándose cuenta de que abarcarlo es una tarea del todo imposible. El presente volumen de Pietro Citati, al situarse en un punto intermedio entre la biografía y la siempre compleja exégesis interpretativa, puede considerarse no solo una guía de lectura capaz de orientar a quienes quieran acercarse por primera vez a su obra, sino una muestra indudable de la tenacidad y perseverancia del propio Citati, capaz de abordar a su avanzada edad una tarea tan compleja como es la de enfrentarse a las múltiples y constantes contradicciones de los textos leopardianos (las sublimes poesías, pero también los Cantos, las Operette morali o el mismo Zibaldone) surcados por infinidad de referencias y fuentes leídas, estudiadas y consultadas una y otra vez en la biblioteca paterna de Recanati, esa pequeña cárcel dorada con la que el padre quiso sublimar en el hijo sus propias expectativas culturales.

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